viernes, 10 de octubre de 2014

Ideas irracionales: El camino hacia la infelicidad.



Demasiado he tardado en escribir sobre uno de los temas de la Psicología que más me han llamado la atención durante mi época de estudiante: Las ideas irracionales y la reestructuración cognitiva. Y es que en nuestra forma de pensar se encuentran ciertos esquemas, patrones y creencias generalizadas que, mal gestionadas, pueden llevarnos a un peligroso camino hacia estados depresivos y de ansiedad. Si bien es un tema extenso y muy complejo desde la perspectiva psicológica, voy a intentar hacer una breve explicación para que, de forma sencilla, podamos identificar estas ideas en nosotros mismos y reflexionar sobre ellas.

-Pensamientos, sentimientos y conductas.      
  
Durante toda nuestra vida nos encontramos en una situación de “lenguaje interno” permanente con nosotros mismos. Es obvio que nuestros pensamientos, lo que nos decimos a nosotros mismos, influye en todas nuestras acciones y decisiones, pero también lo hacen en nuestros sentimientos (por ejemplo, si no dejas de pensar cosas negativas, acabas sintiéndote mal). El esquema acción-reacción también se aplica a la dualidad cerebro-corazón: Tus sentimientos dependen, en gran medida, de tus pensamientos. Por eso, la presencia de ideas y creencias extremas e irracionales influyen en gran medida en la aparición de estados depresivos. La aparición de algunas de estas ideas es algo bastante común en la forma de pensar de nuestra sociedad actual (no deben confundirse con delirios y alucinaciones), y son todavía más frecuentes cuando hablamos de estados psicopatológicos.

-Algunos ejemplos de ideas irracionales muy comunes.

“Debo ser absolutamente perfecto en todo lo que hago, y será horrible si no es así”.

No tiene por qué. El errar es totalmente humano. De hecho, equivocarnos es prácticamente inherente a la esencia y naturaleza del ser humano. Todos nos equivocamos, por eso los lápices tienen goma de borrar.

“Tú te has portado mal conmigo, por lo que debes ser terriblemente castigado”.

El rencor en raras ocasiones conlleva consecuencias positivas, mientras que perdonar a los demás (y a nosotros mismos) suele proporcionarnos un estado de más paz y tranquilidad.

“Lo que ha ocurrido en el pasado me ha marcado para siempre”.

Del pasado se aprende; los errores deben ser nuestra motivación para cambiar, no nuestra piedra en el camino del futuro. La resiliencia (capacidad para superar eventos tremendamente negativos) también es inherente al ser humano. Mira siempre hacia adelante.

“Necesito llevarme muy bien con todos los que me rodean y no tener problemas con ellos”.

Eso sería una tarea demasiado exigente y estresante. Convivir en una sociedad es afrontar un problema tras otro, superar muchas adversidades. Esto implica debatir y discutir con otras personas. Aceptando esto, poco a poco iremos evitando a esas personas “tóxicas” que parecen complicarnos la vida y pasaremos más tiempo con quienes nos hacen felices.

“Todo debe salir exactamente tal y como lo he planeado”.

Error. La incertidumbre guía gran parte de nuestro destino. Está bien hacer planes, pero siempre dejando margen a imprevistos. Los planes a corto-medio plazo son más fáciles de seguir; evita hacer cábalas sobre qué será de ti en los próximos años. Cuanto más te centres en el presente, más feliz serás.

-El trabajo en clínica: La Reestructuración Cognitiva.


Desde el enfoque cognitivo-conductual, científicamente contrastado y predominante en la práctica clínica española a día de hoy, se trabajan este tipo de ideas y creencias mediante la Reestructuración Cognitiva, que en definitiva se trata de un conjunto de técnicas (basadas en los estudios iniciales de Beck y Ellis) que pretenden modificar este tipo de cogniciones. Podríamos resumir esta reestructuración como el trabajo en terapia mediante el cual el paciente, guiado por el terapeuta, tiene que ser capaz de identificar estas creencias, cuestionando sus pensamientos desadaptativos hasta conseguir sustituirlos por otros más adecuados, aliviando así sus síntomas depresivos o ansiógenos. Para ello, el terapeuta puede recurrir a un debate o diálogo socrático (realizando preguntas al paciente) sobre la veracidad de esas creencias que le hacen sentir mal; examinar con el paciente qué pruebas hay de que esa creencia se ajuste a la realidad; cuestionarle acerca de la utilidad real que tiene pensar así; qué es lo peor que podría pasar si no se cumpliera alguna de esas premisas, etc. Este complejo proceso, combinado con otras técnicas en terapia, se ha mostrado eficaz para diferentes tipos de trastornos que son muy comunes en la consulta de un clínico (ansiedad, depresión, hipocondría, problemas de estrés, agresividad, etc.).

Por tanto, este tipo de ideas se pueden trabajar e ir modificando con el tiempo, si bien para ello se requiere un gran esfuerzo por parte de los terapeutas y de los pacientes. Como ya he mencionado anteriormente (y mis compañeros psicólogos sabrán), esto no es más que un pequeño esbozo, una aproximación, a todo el trabajo cognitivo que se realiza para evitar (o reducir) determinados síntomas, por lo que me comprometo a volver a escribir en el futuro algo más sobre este apasionante tema. Espero que al menos os haya ayudado a comprender un poco mejor cómo funcionan estas ideas tan extremas para que, si las aplicáis ahora mismo a vuestra vida, aprendáis a relativizarlas y a asumir que todo no puede ser perfecto. Al fin y al cabo, la vida no es perfecta... Sólo tiene que vivirse.

Como siempre, finalizo con un sencillo vídeo con algunos pasos y frases que podéis aprender fácilmente en casa, y que sirven para evitar ideas irracionales y poder así ser más felices. 


David Olivares Valles
@davipsico

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